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viernes, 22 de enero de 2016

Siempre mañana

Todo esto pudo haber sido distinto, todo esto pudo haber tenido una solución, todo pudo haber sido mejor, o simplemente de otra manera. Peor no, todos complotaron contra mí, todos y cada una de las personas que quería pusieron su estúpido grano de arena para lastimarme física, verbal y emocionalmente. Cada uno de ellos decidió hacer de mi vida un maldito infierno, crear un caos en mis días contados. Y si… digo contados porque hoy es el final, estoy cansado de esto, agotado de ser solo una marioneta, un triste trapo que cualquiera puede pisar para no embarrar sus zapatos, solo fui nada… absolutamente nada, pero aun así, aun sabiendo que no existí para ellos, me sentí herido…
Hace casi un año atrás tuve que mudarme a otra ciudad, y por ende cambiarme de escuela, para ese entonces estaba en mi supuestos primaverales y bellos 17 años, pero no es así. No es de esa manera cuando tu padre adoptivo lleva separado de su  esposa más de diez años y no hace más que pedirte que busques latas de cerveza de la nevera. Las cosas no son primaverales ni mucho menos bellas cuando tus nuevos compañeros de grado son unos descerebrados que lo único por lo que se preocupan es por ver quien logra conquistar a la zorra de cabello rubio que solo sabe masticar chicle de freza. Las cosas no son lindas cuando para llegar a tu casa en los suburbios tienes que tomar tres autobuses y ser atacado por un mínimo de dos ladrones por semana. Las cosas nuca van a ser hermosas si cada día de mi vida fue arruinado, pisoteado, destruido, y mil cosas más por todos los idiotas que no pudieron tener ni siquiera un gramo de consideración por mí. Nada…
Pero solo si las cosas hubieron terminado ahí, solo si se hubiese detenido allí todo, tal vez pudiese haber soportado. Pero no, no para mí. Ellos no se detuvieron, es más, las cosas empeoraron de una manera que no tiene palabras. Ya no le basto a mi padrastro con usarme de mayordomo, ahora era su esclavo, y lo peor es que las agresiones verbales fueron no reemplazadas, sino complementadas con golpes, patadas y más golpes. Mis querido compañeros de secundaria comenzaron a usarme como su saco de boxeo, todos los días a la salida… y correr, eso no servía de nada, ellos me alcanzaban de todas formas. Y no crean que por haber terminado el día las cosas se calmaban, tenía que llegar a casa todos los días solo para encontrar un desastre de mugre, vomito, ropa sudada, e incluso muchas veces bolsas con nada más que drogas de baja calidad. ¿Comida? Si claro, si comer un sándwich de jamón viejo de la semana pasada se lo puede considerar alimento. Todos mis días eran así… o peor…
Hablar de amor, era como estar soñando despierto, eso no existió y no existía para mí, jamás una chica se dio la vuelta para mirarme,  jamás tuve el amor fraternal que todos los chicos tienen con sus amigos, jamás recibí un abrazo de consuelo en las noches de parte de mi madre, jamás un beso de despedida del idiota de mi padre. Jamás…
Pero otra vez, si tan solo todo hubiese terminado allí, si las cosas por arte de magia hubiesen cambiado, o solo dejar de empeorar, tal vez, solo tal vez hubiese resistido. Pero no, todo se fue al carajo mientras más pasaba el tiempo. Los golpes aumentaron  no solo su frecuencia sino también su fuerza. Más de una vez termine en el hospital con moretones en mis pómulos diciendo las misma excusa una y otra vez: “Me caí en el baño” o mi favorita “Me golpee con la mesada de la cocina”,  esa la use cuando llegue inconsciente al hospital, y no, no fue mi padre quien llamó, simplemente iba para la escuela una mañana y todo se volvió negro de repente, todo se apagó, los médicos dijeron que debía comer más. Las cosas en las calles se volvieron raras en cierto modo, tal vez era verdad o tal vez yo estaba paranoico pero comencé a sentir que la gente me ignoraba, que ya ni siquiera se volteaban a mirarme, ya no miraban al chico delgado y cabizbajo que caminaba en la misma vereda que ellos, solo miraban hacia adelante como si no fuesen más que autómatas cumpliendo su trabajo. Solo me ignoraban, porque después de todo, ¿Quién quiere prestarle atención a un pobre tonto que es golpeado por todos y maltratado hasta por el mismo aire?
Llegar a la escuela no cambiaba las cosas, hasta los mismos profesores me miraban con esa expresión casi vacía, solo ocupada por una pizca de lastima, y eso… me enfurecía. ¿Por qué lástima? De todos los malditos sentimientos por existir en este mundo tienen que sentir eso… Lástima… Era un humano, no un perro con la pata rota. Y mis compañeros, digamos que solo se sentaban a tres bancos de distancia del idiota, por si no lo saben el idiota soy yo…
Sinceramente no sé qué debía hacer, ¿Acaso disfrazarme? ¿O prenderme fuego a mí mismo en la plaza central? Ya no se trataba solo del típico bullying escolar, ni del maltrato en el hogar, ahora era peor, ya ni siquiera se percataban de mi existencia, sé que solo soy un estudiante que no tiene amigos, ni novia ni planes para el fin de semana, ni un padre ejemplar, ni nada que lucir, pero existo al igual que ustedes y merezco un poco de atención, mejor dicho merecía…
Si tan solo las cosas hubiesen cambiado… Pero no, nada cambio, nadie cambio, nadie me quiso, nadie me abrazo y nadie fue capaz de preguntar porque estaba tan triste. ¿Saben por qué razón? Simple, porque no existo. No éxito para nada y nadie en este mundo. Y por esa misma razón, nunca me preguntaron porque no fui hoy al colegio, mi padrastro no quiso saber porque salí de casa a la media noche del 25 de julio, nadie en la calle, ni siquiera los perros vagabundos se percataron de que camine casi 5 kilómetros hasta el ferrocarril, tampoco los traficantes que caminaban por el puente que atraviesa por arriba las vías del tren se interesaron en saber a dónde me iba. Nadie…
Así que aquí estoy, un año después de que mi vida se arruinara por completo, en mis supuestos primaverales y bellos 17, pero ahora saben la realidad de la situación, ahora saben la clase de mierda que pueden llegar a ser los humanos, ahora ven claramente cómo si no te mantienes a flote en este lugar, te ahogas y nadie va a lanzar un paracaídas, nadie se va a arrojar para salvarte, a nadie le importas…
La brisa fresca corre por mi rostro y hace que lagrimas salgan volando, miro hacia arriba pero ni siquiera puedo ver las estrellas. Nada solo oscuridad, como mi vida.
Esto es todo, solo quiero terminar de una vez por todas con esta farsa, después de todo, a nadie le intereso, y nade se dará cuenta de mi ausencia. El tren está llegando y yo… yo estoy a punto de irme…

La bestia de metal cruza de bajo de mí a una velocidad peligrosa, cuento hasta tres y libero mis delgados brazos de la baranda de contención, adiós mundo, espero y cambies a los humanos que te habitan… Me inclino hacia adelante y cuando comienzo a caer… algo me detiene…
No…
Alguien me detiene…
Una mano esta posada en mi pecho, una mano blanca y cálida, cálida como… como un abrazo, una fuerza increíble me detiene en mi caída y esa mano con esos brazos, me sitúan sobre el puente una vez más… Pero… ¿Quién?
Levanto mi vista hacia arriba y veo a un hombre, casi podría decir que es un anciano, pero su mirada, sus ojos… tienen  un color como, como si las estrellas pudieran ser puestas dentro de la vista de una persona, como si el mismo universo estuviese dentro de sus ojos, y su rostro, sus palmas aun sosteniendo mis hombros,  su cuerpo… todo envuelto en… ¿Blanco? Todo un aura blanca bordea el contorno de este señor… ¿Acaso estoy soñando? ¿O ya estoy muerto?
-No deberías hacer eso. Dice él, su voz es diferente a todas las que alguna vez escuche.
-¿Quién eres? Digo pero mi voz es apenas un susurro, no tengo miedo, solo me siento… bien, me siento cómodo…
El hombre sonríe, solo hace eso y no responde mi pregunta, levanta su mano y acerca su pulgar a mi frente pero antes dice:
-Mañana Tom, mañana… Solo espera hasta mañana… Siempre mañana.
Mis palabras y preguntas se desvanecen, no puedo pronunciar nada solo digo lo único que logro liberar:
-Mañana
El toca su pulgar con mi frente y todo se vuelve un destello en blanco, como mil flashes de cámaras siendo pulsados al mismo tiempo, todo se vuelve absolutamente blanco… eso es lo último que recuerdo. Pero también hay algo más… una palabra… Mañana.

Despierto gracias a la luz colándose por la cortina entreabierta de la ventana y el aroma a… ¿Tostadas?
-¡Tom! ¡Date prisa o perderás el autobús escolar! A demás el desayuno está listo. Dice desde abajo una voz femenina.
¿Qué?... si, definitivamente estoy muerto…
Bajo de la cama la cual no es la mía, en realidad nada en esta habitación es mío, sobre la mesa de luz hay un pequeño cartel de color azul claro, como el cielo con una frase en el…
-Siempre mañana. Leo la nota y de repente todo cobra sentido, mejor dicho… despierto…

Con una sonrisa en mi rostro me visto y bajo a desayunar…
Hoy va a ser un gran día…


viernes, 20 de noviembre de 2015

Instantes

Anna mira por la ventana del café que da hacia la calle, perdida en sus pensamientos, dejando de lado la bebida caliente y humeante sobre la mesa, afuera el frío y la lluvia corren entre los rascacielos de la ciudad, sus recuerdos van lejos, a su antigua vida, a sus antiguo amor, a esos momentos en los que la vida parecía sonreír… pero de eso se trata, de estar preparados, porque cuando menos lo pensamos, el destino se interpone en nuestro camino, y muchas veces… muchas veces nos destroza, nos deja solos… 
Diez meses antes de todo esto, Anna sonreía en verdad, ella podía reír y mostrar esa dentadura digna de revistas, Anna bailaba y cantaba, amaba y dejaba amarse, ella era una chica feliz, viviendo plenamente sus 22 años, estudiaba en una universidad y como medio tiempo para poder tener su propio dinero decidió que podía trabajar en una agencia de modelos, gracias a sus belleza de princesa, su cabello rubio, y su carisma, le fue fácil comenzar a desfilar por las pasarelas. Fue ahí, cuando salió por primera vez a escena, que conoció a Dash. Un fotógrafo de 24 años,  que al verla moverse con gracias sobre el escenario, se olvidó completamente de las fotos y se dedicó a comerla con los ojos.
Anna, al verlo… digamos que se olvidó hasta como se llamaba, se podría decir que sintió las mariposas en su estómago, sintió hormiguear su cuerpo entero, fue capaz se sentir como el aire se escapa de sus pulmones. Fue como muchos dicen, un amor a primera vista…
La historia podía terminar ahí, como muchos libros lo hacen, pero sabemos que no es así, sabemos que todo sigue, seria hermosos terminar en una página y poder decir “Fin”, pero no, el destino está ahí, para hacernos abrir los ojos y ver… que no existen los cuentos de hadas en la vida real, no existe tal madrina mágica para dar su toque con la varita, no existe el ratón de los dientes, no existe el conejo de pascua, y más de una vez tendremos que juntar nuestros propios pedazos del suelo si queremos volver a estar de pie.
Luego de un año y medio de amor y romance, Dash y Anna se seguían queriendo como el primer día en el que se hablaron, eran una pareja feliz y sonriente, iban juntos de aquí para allá, caminaban de la mano, se tomaban fotografías para subirlas a Instagram, salían a dar caminatas por la playa, y daban largos paseos por la carretera mientras escuchaban su música favorita. Eso mismo estaba pasando un diez de diciembre de ese año…
Anna y Dash iban en su descapotable color azul por la interestatal hacia California. El sol de ese día era fuerte y el cielo estaba completamente despejado, por los parlantes del BMW se escuchaba la música de One Republic. El cabello de Anna se movía incontrolable con el viento, y su cuerpo hacia leves movimientos mientras cantaba con gran talento la canción que estaba sonando. A su lado, Dash miraba entre la ruta y ella, sonriendo, admirando a ese tesoro al que amaba con todo su corazón, a veces se le hacía imposible quitar los ojos de su silueta, se sentía tan bien para él mirarla, tocarla, besarla, abrasarla, amarla…  Dash sabía claramente que daría su vida por verla sonreír por siempre…
-Si me sigues mirando así, voy a tener que besarte… Dice Anna mientras sonríe hacia su novio.
-Lo lamento, es que eres increíblemente bella nena… Dice él al tiempo que se acera y le planta un beso en sus carnosos labios.
Pero es ahí… en ese preciso instante, en que el destino interviene, o mejor dicho se interpone… Un camión de cargas pesadas que viene en sentido contrario se acerca demasiado al carril por el cual circula el auto de los chicos.
Es solo un instante, solo una milésima de segundo, solo un abrir y cerrar de ojos, no hay tiempo para nada, ni siquiera para dar un último respiro. Ya no queda tiempo para más palabras, ni siquiera para un simple “Te amo” y menos para pronunciar un “Lo lamento”. Porque en la vida es así, no hay tiempo suficiente para decir todo lo que pensamos, solo hay instantes, instantes que pasan demasiado rápidos… como el amor de Dash y Anna...
Mientras ambos se están dando ese beso, el camión impacta contra el frente del descapotable, produciendo un ruido similar a una explosión de bomba, vidrios y metales vuelan por los aires al mismo tiempo que el auto sale disparado hacia la derecha y se estrella contra las barandas de contención, pero ni siquiera eso alcanza para reducir su velocidad. El color azul del auto es lo único que se distingue mientras este hace un arco en el aire y cae con todo su peso sobre la tierra a 15 metros de la ruta…
Silencio. Solo se puede ver algo moverse entre los metales retorcidos del auto. Lentamente, y con mucho dolor, se puede ver a Anna saliendo hacia afuera, su rostro cruzado por el miedo y la sangre refleja solo una intención, buscar a Dash. Ella rodea el auto como puede hasta llegar a lo que solía ser la puerta del conductor, sus piernas están magulladas, y siente un dolor insoportable en su pecho, probablemente a causa de las costillas rotas, pero aun así ella busca a su novio. Intenta como puede agacharse para buscarlo pero… ella solo se queda pasmada, solo se queda ahí y ve… Ve como Dash tiene la cara completamente cubierta de sangre, como sus ojos están cerrados, y observa atentamente como su respiración se ha ido, observa como Dash, el chico del cual se enamoró, el chico con el cual hacían planes para el futuro, ese chico que la hizo ver el mundo de otra manera, su chico, está muerto…   
Diez meses después, Anna está sentada en un café, mirando hacia la ciudad gris, atravesada por la lluvia del invierno,  pensando quien sabe que,  olvidando por completo su bebida. Ella está sola, ella ya no sonríe… Ella amó  y fue amada, pero el destino le arrebató eso que más quería, eso que la hacía levantarse todas las mañanas, le quitó a ese chico que la hacía sentir completa, ahora solo hay un hueco en su interior, solo un vacío que no se llena con nada. Ella misma sabe, que si tuviese la oportunidad de volver a ese momento, a ese instante, cambiaría las cosas, para que hoy, Dash estuviese aquí con ella, pero sabe que no puede y nunca podrá, porque así es la vida, se basa en instantes, y esos instantes son como gotas de agua cayendo, una vez que golpean el suelo, nunca más vuelven a volar, nunca más un instante vuelve a ocurrir, no existe repetición alguna…
Anna siente de pronto como algo se ilumina a su izquierda, como el flash de una cámara. Voltea su cabeza hacia el lugar de origen y ve a un chico…
Su respiración se corta, se vuelve superficial, su mirada se nubla por un momento, su estómago hace algo extraño, algo que ella sintió antes, algo que no sentía hace mucho tiempo, siente que su piel hormiguea de una manera extraña pero a la vez familiar.
-Lo lamento, no acostumbro a acosar a las personas pero en verdad debes mirar la foto que acabo de tomarte. Dice el chico de cabello castaño oscuro mientras se sienta frente a Anna, y ella… solo puede seguir mirándolo, siente como si ya lo conociera…
-Emm. Sí, sí. No hay problema. Anna sonríe y mira la foto, en verdad es muy buena.
-Por cierto, mi nombre es Duncan. Dice él y mira a los ojos a Anna, también sonríe.
-Me llamo Anna. Dice ella, consciente de que sus mejillas se tornan de color rosa.
En ese momento, como si el destino lo hubiese decidido, la lluvia para, y un sol, un sol que promete cosas nuevas, cosas bellas, sale afuera…
-¿Caminarías conmigo un momento?, soy nuevo en la ciudad, no tengo muchos amigos. Dice Duncan mientras se para y le ofrece su mano.
Anna siente que tiembla, pero siente algo más, siente palpitar su corazón con gran velocidad, mira el rostro del chico nuevo y no puede evitar hacer algo que hace mucho tiempo había olvidado, Anna sonríe, una sonrisa genuina y amplia, agarra la mano de Duncan y salen del café, salen a la calle, a la luz del sol. Ambos salen a afrontar lo que sea, ambos salen a conocerse el uno al otro. Porque de eso se trata todo, de juntar los pedazos de cada uno, armar lo que se supone que somos y volver a intentarlo, volver a vivir los instantes, uno por uno, y vivirlos como si fuesen los últimos. Vivir cada uno de los instantes y si alguna vez nos quedamos sin nada, si alguna vez volvemos a romperos, haremos lo que ella hizo… volveremos a empezar.

Y mientras tanto, en la calle, bajo el sol,  Anna y Duncan, se conocían una vez más… 

miércoles, 28 de octubre de 2015

Espejos

-¿Abuelo puedes contarnos otra vez la historia del espejo? Dos pares de ojos observan al anciano sentado en un banco entre las dos camas de la habitación.
-Está bien queridas, se la contare una vez más, pero luego hay que dormir. Dice al mientras se despereza simulando tener sueño.
-Esta historia es diferente a las demás porque para mí no tiene un final, simplemente esta historia continúa hasta el día de hoy pendiente, esperando por su final, o tal vez, esta historia simplemente decidió continuar en otro lugar…
Todo comenzó con una pareja de novios en la época del renacimiento, esa época donde las chicas usaban vestidos largos de colores llamativos, los chicos cantaban serenatas al pie de los balcones y escribían cartas, eran esos tiempos en los que el amor no estaba contaminado con la tecnología de hoy en día, tiempos de amor incondicional. Estas dos personas se conocieron en una caminata por el bosque, y desde el primer momento supieron que sus vidas estarían conectadas para siempre a pesar de todo… Pero no imaginaba que ese todo a veces es una palabra un poco amplia…
Cameron y Aiden eran la pareja soñada y deseada por todos en el pueblo, ellos se amaban como si no hubiese un mañana, paseaban juntos por las calles aledañas, almorzaban y pasaban sus tardes a orillas del mar e incluso pasaban noches enteras acostados sobre el pasto mirando las estrellas, pensando y soñando, organizando sus vidas, haciendo planes para el futuro, ellos supieron lo que era el paraíso, vivían el amor como nadie lo había hecho nunca.
El tiempo fue pasando para los dos, pero ellos jamás se separaron,  jamás dejaron de verse el uno al otro como si su vida dependiera de eso, siempre estuvieron ahí, el uno para el otro. Hasta que un día Aiden se arrodilló en la arena mientras sostenía la mano de Cameron y pronuncio las palabras:
-¿Quieres casarte conmigo?
Cameron dejó que sus lágrimas cayeran y no intento ocultarlas, ella pronuncio una simple palabra que marcó el destino de ambos para toda la eternidad.
-Sí.
Todo fue amor y felicidad hasta que el día de la boda llegó. Cameron se miraba al espejo gigante frente a ella, llevaba un vestido blanco como las nubes y su pelo caía largo con ondas rubias. Su sonrisa lo decía todo, ella era más que feliz, ella estaba viviendo su propio cuento de hadas, ella había sido la damisela en apuros rescatada por su príncipe azul. Aiden era su media naranja, su mitad. Hoy volvería a decir esa simple palabra que dejaría más en claro ante este mundo y los demás, que su amor por Aiden sobrepasaba cualquier frontera, cualquier realidad alterna.
En la habitación de al lado, Aiden terminaba de alistarse, la misma sonrisa radiante se encontraba en su rostro, dejando en claro que sabía muy bien lo que estaba haciendo, mostrando como una vez más, el amor era capaz de derrotar cualquier adversidad, él había encontrado a su amada, y la amaría por toda la eternidad, a pesar de todo.
-Ya casi está todo listo, la dejare un momento a solas Señora Cameron. Dijo una de las súbditas mientras salía de la habitación y cerraba con cuidado la puerta.
Cameron comenzó a caminar lentamente por toda la habitación, mirando detenidamente cada detalle, apreciando todo, solía hacer eso para mantener la calma, ya que dado los acontecimientos sus nervios estaban muy altos, cada tanto miraba al espejo que se encontraba en una esquina enfrentando a la ventana en el otro extremo, se veían reflejadas la colinas a lo lejos y los arboles más cercanos, a un  costado se podía apreciar unas parte de la iglesia, la misma iglesia donde ella daría el Sí muy pronto. Ella siguió caminando por el lugar, subió al pequeño pedestal frente al gigante espejo y comenzó a bailar un vals, mientras tarareaba una melodía con su dulce voz, bailaba como toda una princesa e incluso daba giros sobre el pequeño andamio. En determinado momento, Cameron dio un giro demasiado fuerte…
Al dar ese giro con demasiada fuerza tropezó con el borde del pedestal y se tambaleó hacia atrás, sus brazos se mueven en el aire para intentar mantener el equilibrio pero es una acción inútil, ella cae… en el último momento Cameron cree que va a estrellarse contra el espejo, pero ella cae y cae, no choca contra el espejo, pero tampoco choca contra el suelo, ella cae, hasta que su vista se vuelve completamente blanca…

-Ella debe estar en la otra habitación Señor Aiden. Dice un guardia al tiempo que Aiden sale disparado hacia la habitación donde Cameron estaba, ha pasado una hora y no hay noticia de ella.
Aiden abre las puertas de par en  par mientras intenta recuperar el aliento, pero se da cuenta claramente que no está ahí.
-Cameron. Dice un poco más fuerte de lo necesario.
Empieza a caminar por la habitación y se acerca a la ventana, mira hacia el suelo desde el segundo piso donde él se encuentra, tal vez este afuera tomando un poco aire, tal vez decidió ir a buscar una copa con agua, tal vez me está buscando a mí, piensa el… Se da la vuelta para salir de la habitación y se percata de su reflejo en el antiguo espejo. Lo mira detenidamente, buscando algo, sin saber bien que, se acerca lentamente y observa su silueta que le devuelve la mirada… Hasta que escucha un susurro, es apena audible pero Aiden sabe bien de quien es esa voz, sabe muy bien de quien es.
-Aiden…
Él sabe claramente que esa voz, ese susurro, es de Cameron, de su amada futura esposa, pero no puede decir de donde viene. Decidido a que ella está fuera de esa habitación da media vuelta para irse pero accidentalmente toca el frío vidrio del espejo, y Aiden… Desaparece…

-¿Qué les pasó abuelo? Pregunta una de las nietas mirando con sus ojos a través de las gruesas mantas
-Sí, ¿Qué ocurrió con ellos? Dice la otra pequeña.
El abuelo se levanta de su banco y se encamina hacia la ventana no sin antes ver un gran calendario con flores de color rosa, lee el año para sí mismo, 2365. Levanta su vista hacia la ventana y observa las estrellas y ve que una de ellas se desplaza por el cielo, una estrella fugaz, él sonríe.
-Abuelo ¿Ellos se casaron? ¿Ellos están bien? Vuelve a preguntar una de la nietas. Ambas esperando la respuesta.
Él abre la poca para decir algo, cuando la puerta de la habitación se abre. Una voz dulce y suave como el mismo caramelo pronuncia su nombre
-Aiden amor, es hora de que las pequeñas duerman. Dice ella al tiempo que sonríe hacia las dos pequeñas.
-Si Cameron, tienes razón, es hora de que todos vayamos a dormir, mañana será un nuevo día. Dice al tiempo que alcanza a su esposa y le da un tierno beso. Pero antes de salir él se vuelve hacia sus nietas y dice justo mientras toma la mano de Cameron.
-Ellos, están bien, se casaron, y a pesar de todo, nunca, pero nunca dejaron de amarse. Dice volteando la mirada hacia su amada.
-Ellos supieron desde un principio, que su amor iba a superarlo todo, incluso si esa palabra es muy amplia, su amor superaría todas las adversidades. Su amor seria fuerte e incondicional… Por toda la eternidad. Dice también la abuela

Ella apaga la luz, cierra la puerta y los dos ancianos se marchan a su habitación, las pequeñas cierran sus ojos y duermen, mientras que afuera, en el cielo… otra estrella fugaz atraviesa el cielo…   

martes, 6 de octubre de 2015

Los ángeles también se enamoran

Todos se enamoran gracias a mí, todos dan su primer beso gracias a mí, todos aman y son amados gracias a mí, todos despiertan mirando el amanecer en los ojos de alguien más gracias a mí, todos son flechados gracias a mi…¿Pero y yo?
Soy un ángel, para ser más específicos soy el ángel que se encarga de que sonrías por alguien cada vez que lo o la recuerdes, soy el ángel que te hace quedarte en vela muchas noches con solo una persona dando vueltas en tu cabeza, soy ese ángel al cual a veces maldices por hacerte sufrir, pero que jamás agradeces por hacer que encuentre al o el indicado para vos… Ese soy yo… Mi nombre es Steffano, y soy un cupido...
Cierro la puerta de mi departamento y me abrocho mi campera de cuero para cubrirme de la lluvia, hoy me toca dirigirme a una disco, odio ese tipo de lugares, llenos de lujuria y envidia, llenos de cosas impuras, pero me entrenaron para eso, para hacer ver a los humanos que el amor, puede hallarse hasta en el lugar más inhóspito y frío de todos, el amor siempre está ahí… Palpitando, paciente y tranquilo como el agua pero explosivo y abrasador como el fuego. A pesar de todo yo estoy ahí, y el amor también, el amor esta en mi arco y en mis flechas y en este mismo momento lanzo mi primera flecha.
Es simple, la flecha golpea a un chico en este caso, él se queda petrificado, como si estuviese siendo reseteado, luego de eso sus ojos se centran en la chica a su izquierda… y ahí es cuando lanzo mi segunda flecha…
Ella siente el golpe, se tambalea hacia atrás unos pasos hasta que sus ojos vuelven a enfocarse y lo ven… A él… Mirándola, ambos se acercan, y aquí ocurre la mejor parte de todas. Sus manos dan el primer roce de piel con piel, y es ahí, en ese instante en el que el amor, las llamas, la pasión explotan, es ahí cuando la pieza faltante del rompecabezas es hallada y se completa, es ahí cuando ocurre el primer y más hermoso beso de todos, el del amor eterno… Es ahí cuando mi trabajo finaliza, y debo irme y seguir… seguir dando amor, a pesar de que nadie me lo de a mí.
Luego de haber concretado más de cuarenta y tres encuentros comienzo a volver a casa pero mis pensamientos siguen lejos, en todos los encuentros, recordándolos de tal manera como si yo fuese el protagonista de algo, pero la verdad es que no formo parte de esto, solo soy un observador, solo una sombra, solo una arquero con una puntería increíble, solo eso, solo hago que los encuentros se concreten, yo uno a las almas gemelas… Pero soy yo el que esta solo… Siempre solo…
Sigo caminando bajo las farolas de las calles y la lluvia moja mi cuerpo, siento una necesidad insoportable de desplegar mis alas y salir volando, de volver a casa, de dejar esto y ser como ellos, enamorarme, amar y ser amado…. ¿Por qué no puedo? ¿Acaso elegí esto? Los humanos se quejan de ser imperfectos… Pero… ¿Qué es más hermoso que la imperfección? ¿Qué más bello que esa media naranja te complete de tal forma que ambos formen uno? Pero nuevamente ese no es mi lugar en esta historia, yo debo estar solo…
Lentamente me quito mi ropa, miro mi reflejo en el espejo, típica silueta de un ángel, cuerpo musculoso y bronceado, ojos de un color aún no descubierto por los humanos, cabello de color oscuro, y lo más llamativo de todo… mis alas, blancas e iridiscentes, livianas como las mismas nubes pero fuertes como las armaduras de todos los ejércitos unidos. ¿Pero de qué sirve todo esto si estoy solo?   
No es justo, no debería ser así, ¿Cuál es el objetivo de todo esto? Si el amor es para todos, entonces ¿Por qué yo no puedo enamorarme, porque yo no puedo ser feliz como ellos? Yo también quiero amar y ser amado, yo necesito eso, yo más que nadie se merece algo tan bello y único como el amor. Pero yo soy el menos indicado en pedir algo así, yo solo debo agarrar mi arco y disparar, disparar y seguir disparando…. Yo soy el que enlaza las dos puntas, pero yo no puedo ser amado. Estoy cansado de esto.
Esto es injusticia, ¿De que sirve levantarse todos los días si no tienes a alguien que te sonría en el otro lado de la cama? ¿De que sirve ver el sol si no tienes a esa persona que tiene la capacidad de brillar aún más? ¿De sirve caminar en la noche si no está ella para besarte bajo una lámpara hasta que tu cabeza vuele y tus labios se hinchen? ¿De sirve plantar rosas si no tengo a quien regalarlas? ¿De que sirve brindar si no tengo con quien chocar mi copa? ¿De que sirve disparar una flecha si nadie va a disparar una en tu dirección? ¿De que sirve sentir si nadie siente lo que yo siento? ¿De sirve sonreír si nadie sonríe por mí? ¿De que sirve acostarse si nadie va a estar ahí para abrasarte en las noches? ¿De que sirve despertar si nadie va a estar ahí para decirte  “Buenos días”? ¿De que sirve respirar si nadie va a darte respiración boca a boca cuando te ahogues? ¿De que sirve saltar al abismo más oscuro si nadie va a hacerlo por vos? ¿De que sirve cada pequeño detalle de nuestras vidas si no puedo compartirlos con nadie en este mundo? ¿De que sirven estas alas si no puedo volar con nadie más que con mi conciencia? ¿De que sirve amar si nadie me ama? ¿De que sirve estar vivo si nadie vive por mí?… Esto es todo, quiero que todo se acabe…
Tomo una de mis flechas y luego de tres respiraciones profundas lo hago, esto es por lo que todos piden y rezan cada noche, esto es por lo que todos sufren, esto es por lo que todos son felices, esto es por lo que cada cantante compone sus canciones, esto es por lo que cada poeta escribe sus versos, esto es todo lo que quiero pero es lo único que no puedo tener. Entierro la flecha en mi corazón, solo pensando en eso que se me es imposible de alcanzar… el amor…

-Despierta, por favor despierta…
Abro mis ojos lentamente, y veo unos bucles rubios abanicándome las mejillas, mi vista se aclara y veo… veo los ojos más hermosos de todos, unos labios carnosos, unas pestañas gruesas, unos… Wao… Una sonrisa que…. Me quita el aire de mis pulmones, sobre sus cachetes se forman unos pequeños hoyuelos, su rostro es perfecto…
-Por favor dime que estas bien. Encontré la puerta de tu departamento abierta y cuando me asome estabas tirado en el suelo, fue ahí cuando me asuste. Dice ella ayudándome a recostarme.
- Estoy… Bien creo… pero, ¿Qué pasó? Digo al tiempo que me agarro la cabeza.
-No lo sé, solo te encontré aquí tirado, déjame traerte algo de agua. Por cierto mi nombre es Clara.
-Steffano.
Ella se va a la cocina y mis recuerdo comienzan a llegar rápidamente, lo recuerdo… la flecha, pero aún estoy en este mundo, aun no me fui… ¿Qué me…
Siento un golpe en mi pecho, algo que nunca antes sentí, un calor extraño me recorre desde los pies hasta mi cabeza, me mareo por un momento hasta que recobro el equilibrio pero que el calor y esa extraña sensación siguen ahí…
-Espero que no te moles… Dice Clara. Pero algo la hace detenerse, ella no lo ve pero yo sí.
Una flecha atraviesa su cuerpo y la envía varios pasos adelante, suficientes para que choque contra mi pecho desnudo…. Una flecha… Es imposible…
Es ahí, el primer contacto, como siempre lo fue, nuestras almas se sellan, nuestro destino se une, tal y como lo he visto por más de mil veces, el primer toque. Clara eleva su mirada hacia mis ojos y ahí caigo, caigo en su mirada, caigo en la forma que ella quiera. El calor de mi cuerpo se intensifica de una manera sobrehumana, siento una necesidad increíble de besarla, de sostenerla en mis brazos, pero de algo más, siento la necesidad de ser todo para ella, de quererla ahora y por siempre por lo que verdaderamente es, mi todo, siento que debo protegerla de cualquier peligro, siento su corazón palpitar en mi pecho junto al mío, siento su esencia, su alma… Siento que ella es mía, y yo soy suyo… Para siempre.
-Clara. Digo pero ella me calla de una manera que me gusta mucho.
Me besa de una manera… no hay palabras para describirla, la abraso sin despegar nuestros labios… La beso por ser la primera vez pero también la beso como si esta podría llegar a ser la última. Esto es lo que los humanos sienten, esto es por lo que se vuelven locos, ahora los entiendo, esto es amar y ser amado, esto es único, no lo cambiaría por nada. Esto es lo que tanto quise, y ahora lo tengo.
Alejo un poco mi rostro del suyo y Clara dice:
-Steffano, eres… eres… No sé qué decir, siento algo extraño…
- Creo que sé muy bien lo que es. Digo antes de volver a besarla.
Pero antes de hacerlo, mi mirada se encuentra con algo en la entrada de mi casa, una pequeña niña con un vestido blanco sosteniendo un arco y en su espalda unas alas blancas como las que yo tenía, ella sonríe y se aleja.
-¿Qué ves? Dice Clara. Pero amablemente tomo su rostro y lo pongo frente al mío.
-Nada, solo no te vayas de aquí nena.
-No me iré a ningún lado. Dice ella mientras me acaricia el contorno de mi mandíbula.
Ambos sonreímos, ambos acercamos nuestras bocas, ambos nos besamos…Y así es como ambos, por acción del destino, terminamos juntos… 

viernes, 2 de octubre de 2015

Calor en pleno invierno

Una vez más me adentro en el bosque cubierto de nieve, se me hace muy fácil escaparme hacia este lugar, ya que el bosque de nuestra ciudad empieza justamente en nuestro patio trasero. Así que aquí estoy, camino mientras la luz del sol me pega de lleno en el rostro y un leve viento invernal me congela pero en un buen sentido, amo esa sensación, el frío, penetrando en mí, pidiéndome que lo siga, que sea libre, que corra, fresca y salvaje…
Sigo caminando y doblando hacia donde sea, solo sigo mi instinto, solo camino hacia… algún lugar… Siento que aquí es a donde pertenezco, al bosque, con los arboles decorados por la nieve y a los animales salvajes… pero siento atracción por un tipo de criatura en particular… los lobos. Siento un magnetismo casi peligroso hacia ellos, los he visto mirando hacia mi casa en las frías tardes como la de hoy, observando algo… tal vez observando a alguien… tal vez observándome a mí. Recuerdo que muchas veces vi a unos lobos gris oscuro con un pelaje blanco como la misma nieve sobre sus patas y unos profundos ojos de color amarillo, fijos en mi casa, fijos en mí… Muchas veces intenté acercarme a él.  Pero cuando estoy solo a unos pocos metros, el simplemente se iba corriendo de vuelta al bosque, solo para volver al otro día, y volver a observarme…
Salgo de mis pensamientos sin darme cuenta de que camine mientras pensaba en el lobo de ojos amarillos, camine  y ahora estoy totalmente perdida, miro hacia atrás y solo veo bosque y nieve, vuelvo mi vista hacia adelante solo para descubrir que el sol se está ocultando en el horizonte, me queda no más de una hora de luz, sumado a que la temperatura está bajando considerablemente… Nuevamente sigo a mi instinto y camino creyendo que vuelvo a casa, Tal vez mañana que comienza mi última semana de vacaciones antes de empezar mi último año vuelva al bosque… y tal vez, solo tal vez pueda encontrar a mi lobo…

Mi celular se apaga. Ha pasado media hora y todavía no encuentro el camino a casa, el sol está más bajo y ahora siento un frío tremendo, esto no era lo que esperaba para esta caminata, maldición ni siquiera puedo hacer una llamada de emergencia. Camino un poco más hasta un pequeño claro del bosque y automáticamente mi rodillas caen al suelo, seguido de eso mis pantalones comienzan a mojarse a causa de la nieve, estoy exhausta y mis piernas no reaccionan, tengo mucho frío pero no puedo moverme, solo veo nieve y más nieve y… Lo siguiente que noto es que caigo con el resto de mi cuerpo y es ahí, en ese momento en que el frío me cala los huesos de una manera espantosa, siento frío en cada partícula de mi ser, mis extremidades comienzan a entumecerse, mi mandíbula tiembla y no puedo controlarla, mi respiración es lenta y el vapor sale abundante fuera de mi boca, giro mi cabeza a ambos lados lentamente y solo veo bosque, nieve y… Oh Dios, esto no es bueno…
Lobos… uno, dos, tres… cinco… diez y estoy segura que hay más… y se están acercando, lentamente… esto no es bueno.
Los lobos comienzan a olfatearme  todo el cuerpo, me están rodeando y no puedo hacer más que unos inútiles movimientos a causa del frío y el miedo. Siento que uno de ellos trata de rasgar el pantalón de mi pierna izquierda y luego otro hace lo mismo con la derecha, pero siento un dolor en ese momento, y me doy cuenta de que no están curiosos de saber que hago aquí… Están hambrientos, y yo… yo vine en el momento equivocado… El dolor vuelve pero esta vez en mi brazo derecho y ahora puedo ver que además de blanca nieve también hay rojo… rojo sangre… mi sangre…
Pero es ahí, es ese preciso instante en que elevo mi mirada hacia arriba y veo un lobo en particular, uno que yo conozco, un lobo de ojos amarillos…
El lobo de una manera aleja a los demás asesinos de mis piernas y mis brazos, se para con sus patas a ambos lados de mi pecho y acerca su cara a la mía…
-Por favor. Digo, como si eso pudiese ayudarme en algo.
Veo sus inmensos ojos amarillos observando los míos de una manera profunda y misteriosa… siento que hay algo, no puedo explicarlo, pero siento mi corazón latir con más fuerza, inhalo y siento su aroma a pinos y a algo más… estoy casi segura de que es algo relacionado conmigo… pero, ¿Cómo sería eso posible? Soy una chica y el… un lobo…
El lobo de ojos amarillos eleva su cabeza hacia arriba y aúlla tan fuerte que por un momento mis sentidos vuelven a ser conscientes de la situación en la que estoy, solo por un momento me siento totalmente despierta, pero luego… mi vista se oscurece, mis ojos se cierran y no se vuelven a abrir. Lo último que veo antes de caer en la oscuridad son esos ojos, sus ojos… que me miran… a mi…

Mi consciencia se recupera por un momento, y siento que me muevo con velocidad, pero ¿A dónde? No siento tanto frío, me siento… cálida, ¿Qué está pasando? Abro mis ojos solo un poco y veo que alguien me está cargando en sus brazos, puedo oír su respiración… se siente agitado pero su rostro… puedo ver preocupación y terror tal vez… Intento hablarle, decirle algo, un solo gracias aunque sea… pero solo sale un gemido ronco de mi garganta y el voltea su rostro para mirarme.
Sus ojos son… amarillos…
-Todo va a estar bien, te lo prometo, solo resiste. Dice él.
Intento hablar… juro que intento decir algo pero nada sale, solo tengo en mi mente esos ojos amarillos… amarillos como… como los de un lobo, pero no cualquier lobo, mi lobo… Vuelvo a caer en la inconsciencia

Han pasado 6 días desde mi accidente en el bosque, ya estoy casi recuperada, tengo las cicatrices en mis brazos y piernas de las mordeduras de los lobos,  solo tengo un atisbo del resfriado, por suerte no pesque nada peor. Pero aun así… solo pienso en él, en quien me salvo, en ese chico de ojos… no puedo recordarlo, sé que había algo particular con sus ojos pero no puedo saber que, aunque piense y piense no sale nada de mi cabeza, ni siquiera pude preguntarle quien era,  y nadie sabe cómo llegue a las puertas del patio trasero de mi casa, ni siquiera vieron que alguien me trajo hasta allí…
Me bajo de mi auto y comienzo a caminar por el estacionamiento de la escuela, es el primer día y aunque haya pasado menos de una semana toda la jodida ciudad se enteró de la chica que fue mordida por los lobos en el bosque. Soy una especie de fenómeno ahora.
Las llaves de mi auto caen al piso y se deslizan bajo una camioneta, me agacho para intentar buscarla pero no las veo por ningún lado, genial, voy a llegar tarde mi primer día solo por mis llaves. Me levanto del suelo, me quito el pelo de la cara y…

-Creo que esto es tuyo. Dice un chico que nunca antes había visto.
-Emmm si, gracias, no podía encontrarlas…
-No te preocupes. Dice y luego sonríe
“No te preocupes”… Pienso… ¿De dónde vienen esas palabras? ¿Quién las dijo? Vuelvo a mirar al chico que se está yendo y le pregunto:
-Hey! Eh… Mi nombre es Megan, ¿Cómo te llamas?
Él se da vuelta y dice su nombre:
-Me llamo Hunter.

Y ahí veo sus ojos…


Sus ojos son amarillos…